Cuando llueve después de un largo período de tiempo seco, es probable que la calzada esté más resbalosa...
Cuando comienza a llover después de un período largo sin precipitaciones, la calzada se vuelve especialmente peligrosa. Esto se debe a que las primeras gotas de agua se mezclan con el polvo, aceites y residuos que se acumularon en el pavimento durante el tiempo seco. Esa combinación genera una película resbaladiza que reduce de forma drástica la adherencia de los neumáticos, aumentando el riesgo de patinajes y derrapes. Este efecto es más crítico durante los primeros minutos de lluvia, antes de que el agua logre arrastrar y limpiar la superficie.
La recomendación del Libro del Nuevo Conductor es clara: disminuir la velocidad y extremar la precaución apenas aparezcan las primeras señales de agua en la vía. Frenar bruscamente o realizar maniobras repentinas en este escenario puede llevar fácilmente a la pérdida de control del vehículo. La conducción defensiva en estas condiciones implica anticiparse al peligro y aumentar la distancia de seguridad respecto al vehículo que va adelante.
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