De los siguientes enunciados sobre el consumo de alcohol al volante, ¿cuál se ajusta a lo que indica el libro?

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La afirmación correcta respecto a la conducción con alcohol es que incluso pequeñas concentraciones en el organismo afectan negativamente la capacidad de reacción y modifican la conducta de la persona. El alcohol es una sustancia depresora del sistema nervioso central que actúa de manera inmediata sobre las funciones cognitivas y motoras, aunque la cantidad consumida sea mínima. Algunos de los efectos más relevantes de pequeñas dosis de alcohol son:

  • Disminución de inhibiciones: la persona se siente más confiada y relajada, lo que puede llevar a sobreestimar sus capacidades al volante.
  • Deterioro de la capacidad de reacción: el tiempo de respuesta ante imprevistos se vuelve más lento, aumentando el riesgo de accidentes.
  • Alteración del juicio: se afecta la capacidad para evaluar riesgos, lo que favorece decisiones inseguras como acelerar o adelantar en situaciones inadecuadas.
  • Falsa sensación de seguridad: aunque los reflejos ya estén deteriorados, la persona cree que aún conserva el control total.
En conclusión, la conducción bajo el efecto de alcohol es peligrosa desde las primeras concentraciones en sangre, ya que se combinan la pérdida de autocontrol con el deterioro de la reacción, multiplicando la probabilidad de siniestros.

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